04. Nuestro Estilo y Espiritualidad.

 

Las rutas son el medio de encuentro de los Compañeros. Simbolizan la ruta de sus vidas. Su espiritualidad es por consiguiente la espiritualidad de la ruta. Los grupos de Compañeros no son ni grupos de rezo ni simples encuentros de gente que quiere pasar unas buenas vacaciones.

Durante las rutas los compañeros reponen sus reservas para intentar vivir después según los valores de estas rutas. Siguiendo los pasos de Francisco de Asis los compañeros pretenden ser fieles al evangelio de Jesucristo. Para ello las rutas ayudan a desarrollar en primer lugar un espíritu de acogimiento, de amistad, de paz, de compartimiento, de sencillez, de aventura, de humor, de abertura hacia los otros, de amor hacia la naturaleza, de tolerancia, de humildad, de gratitud, etc.

La ruta ayuda a desarrollar un espíritu de libertad que sirve en la vida cotidiana a tomar decisiones en contradicción con los valores de nuestra sociedad.

Así, nuestro estilo está definido por la vida de Francisco de Asís, que se puede concretar en algunos aspectos:

LA RUTA: Recogen la antigua tradición de los peregrinos. Aspiramos a una sociedad más justa y estamos siempre en camino hacia ella.

AUSTERIDAD: El trabajo por la Paz y la Justicia exige un macuto ligero. El camino es largo. Cuanto menos tengamos que perder, mayor será la disposición para el compromiso.

SENCILLEZ-NATURALIDAD: El contacto con la naturaleza nos habitua a la sencillez y la espontaneidad.

PAZ y JUSTICIA: Los Compañeros de San Francisco basan la Paz en la Justicia. Justicia en sus ambientes, en la escuela o en el trabajo, en la familia o en el barrio, en su Iglesia o en su grupo de amigos. El nombre de la Paz se llama Justicia.

AMISTAD Y SOLIDARIDAD: El movimiento de Compañeros está abierto a todas las personas independientemente de su edad, cultura, pensamientos y creencias religiosas. De hecho participan personas de diferentes confesiones (luteranos, anglicanos, protestantes...) También participan personas que no tienen religión. Todos caben si buscan el sentido de la vida en la amistad y la solidaridad, especialmente con los más marginados.

San Francisco no fue un teólogo, ni un intelectual, ni tuvo autoridad, ni fue clérigo, ni habitó en monasterios. Vivió con el sector más sencillo de la sociedad de su tiempo, la amisad, la sencillez, la justicia y la alegría que aprendió del Evangelio.